El desafío de transformar la realidad de los jóvenes
 Tras un duro panorama de criminalidad y narcotráfico se esconde la compleja realidad de los jóvenes del Gran Buenos Aires. Una problemática ineludible que nos convoca a todos.
 
Mucho se habla sobre la situación de criminalidad en el conurbano bonaerense y su compleja dinámica con el narcotráfico y el consumo de drogas, un flagelo que enfrentan día a día todos sus habitantes. Pero lo que no vemos retratado tan frecuentemente en los medios es a los jóvenes y chicos que crecen en este marco de pobreza e inseguridad y el día de mañana serán los impulsores de nuestra sociedad.
 
Las cifras del Observatorio Social de la UCA, que siempre estremecen, nos hablan de que los jóvenes de la zona sur del conurbano son los que sufren las condiciones de vida más precarias. El 58,4% vive en hogares con necesidades básicas insatisfechas y el 51,5% está por debajo de la línea de pobreza. Las barreras que enfrentan para desarrollarse en condiciones adecuadas e insertarse en el mercado laboral son altísimas: al 44.5% no le alcanzan sus ingresos mensuales y el 73.2% vive bajo la tutela de jefes de hogar sin el secundario completo.
 
En el sur también son más frecuentes las situaciones problemáticas graves y este es el hueco que el narcotráfico y el narcomenudeo aprovechan. Del análisis se desprende que, para todas las sustancias psicoactivas analizadas (tabaco, alcohol y drogas ilegales), se encuentran en esta zona los niveles de consumo superiores. El 84,6% de estos jóvenes considera que le sería fácil o muy fácil conseguir drogas y el 77,4% presencia consumo en su entorno cercano (lo que incluye a familiares y/o amigos). En términos generales, entre los jóvenes de barrios informales del conurbano que consumieron drogas ilegales, el 30% presenta síntomas de dependencia o pérdida de autocontrol.
 
Ante estos números lo primero que sentimos es indignación y tristeza. Todos sabemos que el verdadero tesoro de un país son sus niños y sin banderías políticas estamos de acuerdo en que deben encontrar en su entorno más oportunidad y menos consumo. Porque si ellos pueden tener una vida plena, todos podremos; si no les ofrecemos posibilidades reales de inclusión, la comunidad en su conjunto sufre las consecuencias.
 
La problemática se presenta aquí y ahora y no puede esperar por lo que todos nuestros esfuerzos deben extremarse aún más para combatir este flagelo. Desde la prevención, el tratamiento, la generación de oportunidades y la represión criminal. Así, desde la Municipalidad de Lanús impulsamos líneas de denuncias anónimas telefónicas y por internet con el objetivo de que los vecinos, quienes conocen más de cerca el flagelo, denuncien sin temor a los mercaderes de la muerte de nuestros jóvenes y también para pedir ayuda para quienes lamentablemente están en contacto con la problemática.
 
Nosotros, desde la Subsecretaría de Seguridad y Emergencias de la Municipalidad de Lanús nos subrogamos en la posición del vecino, que sufre la venta de drogas delante de su casa y/o a sus seres queridos y también cuando alguno de sus afectos ingresa en el circuito criminal atrapado por su adicción, y gestionamos la denuncia y el seguimiento de la misma para que la justicia actúe. También aportamos la colaboración al Poder Judicial contribuyendo con imágenes captadas por las cámaras que instalamos en Lanús y dando apoyo en los operativos ordenados por la justicia. Todo ello para que el vecino no tenga que afrontar los pasos procesales ni el riesgo de denunciar a los “dealers”. Pero, también, asistimos a las víctimas del flagelo cuando en los operativos tomamos contacto con consumidores ocasionales a quienes orientamos para la recepción de asistencia especializada en las áreas de salud de nuestra municipalidad  o ante los C.P.A. (Centro de Prevención de Adicciones) de la Provincia de Buenos Aires.
 
Sabemos que esto no alcanza, sabemos que aún falta, sabemos que no todo se reduce a prevención y/o a represión, sino que ambas son necesarias al mismo tiempo para obstaculizar el ascenso verificado en el pasado cercano de la problemática del consumo de drogas y el narcotráfico y para tener un mejor futuro. Es el presente donde debemos concentrarnos.
 
Por eso hoy más que nunca los que tenemos la responsabilidad de asumir esta problemática debemos pensar en la convivencia. Es un desafío que va más allá de las jurisdicciones y hoy nos tiene trabajando desde los municipios y las instancias provinciales hasta las fuerzas federales. Los adictos son jóvenes que han caído en el consumo, víctimas de este fenómeno que se ha enquistado en los lugares más empobrecidos pero impregna toda la sociedad. Necesitamos seguir implementando políticas de estado que los contengan a ellos y a sus familias, así como políticas de convivencia y pacificación. Porque es un problema de todos, debemos abordarlo juntos.
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