Desmitificando la relación entre el delito y el consumo de drogas

Muchas veces las ideas comunes y compartidas sobre los fenómenos más preocupantes en nuestra sociedad son un obstáculo enorme para poder resolverlos. Hay un lugar común que sostiene que los delincuentes, muchos de ellos jóvenes de vulnerable situación social que no se encuentran “profesionalizados” en el crimen sino que suelen cometer delitos esporádicos, se encuentran drogados o en un estado alterado por el consumo de estupefacientes en el momento de delinquir. 

Lo que estamos viendo en la provincia es que esto suele ser más bien al revés: más frecuentemente muchos jóvenes cometen delitos con el objetivo de poder comprar droga o insertarse de otras múltiples maneras en el intrincado sistema de poder del narcotráfico. 

Esta idea bastante generalizada de que los jóvenes se drogan para poder delinquir no es lo que estamos viendo en Lanús, donde la relación entre delito y drogas es mucho más compleja. Las drogas son factores desencadenantes del delito, no hay duda, pero se trata del delito vinculado al narcomenudeo que tan fuerte estamos combatiendo. 

Lo sorpresivo es que este lugar común suele ser sostenido por los mismos delincuentes. A la hora de narrar sus delitos, el consumo de sustancias siempre aparece para facilitar la pérdida del control y como una posible justificación de una conducta que no logran explicar, como demuestra el sociólogo Gabriel Kessler en sus investigaciones. Sobre todo en el caso de los homicidios, la droga se presenta como un factor que pone en suspenso la conciencia de los actos o incluso pretende justificar la falta de memoria sobre los hechos. Si profundizamos en la red del delito hacia criminales de mayor rango y ya “profesionalizados”, lo más habitual es que el consumo de drogas sea incluso incompatible con sus actividades. 

En conclusión, así como la sociedad utiliza el consumo como un argumento de desvalorización y los jóvenes que delinquen como una forma de no responsabilizarse, desde el Estado debemos detectar y evadir estas respuestas fáciles para poder realizar un abordaje serio de la cuestión y seguir trabajando en búsqueda de una pacificación efectiva que sabemos posible.

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