Bunkers: “Las redes del poder…NARCO”. Parte II

Un bunker de drogas se trata de una habitación construida de mampostería de no más de 4 metros cuadrados al que se accede por una puerta de metal que abre y cierra desde adentro y, además, posee un orificio que comunica el interior con el exterior, análogo a un buzón, por donde se recibe el dinero y se entrega la droga. Ni una mínima ventana, tal vez -y con surte- un sanitario. Allí, los encargados pasan horas y hasta algunos días encerrados esperando a los “clientes”.
Esta modalidad de comercialización de drogas coloca a los bunkers, a sus encargados (vendedores) y a los “satélites” (personas que merodean alrededor del bunker y mediante códigos especiales avisan a los vendedores de presencia descripta localiza exactamente a aquellos en un estrato específico de la red del poder narco: el último eslabón antes de que el producto llegue al consumidor final.
La palabra bunker es un término que se refiere al depósito de carbón presente en una embarcación. Popularmente se utiliza para describir el espacio físico de reunión de los integrantes de algún tipo de organización. En Alemania, el concepto empezó a utilizarse para identificar al lugar que brinda protección ante un ataque.
El último concepto descripto es propio del ámbito militar y directamente asociado a la guerra. Según lo descripto precedentemente, los bunkers desbaratados en Lanús, al igual que los existentes en el resto del país, se asemejan más al sentido bélico del término, es decir, al de un lugar que brinda protección ante un ataque.
Y he ahí la cuestión. El narcotráfico considera un ataque, del cual debe protegerse, el accionar de la justicia y las fuerzas de seguridad en cumplimiento de la ley. El narcotráfico se considera en guerra con el estado de derecho. Y se sabe, en la guerra todo vale y el narcotráfico no se queda atrás. Para estas mafias vale sacrificar vendedores, satélites, soldaditos…personas. El homicidio, la corrupción, la extorsión, la esclavitud, el secuestro, la tortura, la traición, el abuso de armas, entre muchos otros, son medios que valen porque en una guerra todo vale.
La “protección” que los bunkers brindan no es en respeto a las personas que allí se alojan, generalmente jóvenes de sectores sociales vulnerables, sino para protección de la droga y el dinero que en ellos se guardan.
Entiéndase bien, el narcotráfico opera como una franquicia. Los estratos superiores, que distribuyen la droga y financian la actividad, poseen “sucursales propias” y “sucursales franquiciadas” (estas últimas son puntos de venta independientes que compran la droga a los estratos superiores y pasan a ser dueños directos de la droga la cual revenden a un precio mayor apropiándose de la diferencia como ganancia pero no son parte de la organización criminal). Los bunkers son las “sucursales propias” del poder narco. Allí, la droga no pertenece a independientes sino a los propios distribuidores mayoristas que pretenden abarcar la mayor parte de la cadena de distribución de la droga. Para entender esto debemos tener presente que la producción de drogas representa aproximadamente un 10% del valor de aquellas y el 90% restante pertenece a la distribución. Por ende, quien mayor parte de la distribución abarque, mayor ganancia obtendrá y si se posee toda la distribución y la producción la ganancia es total.
Es por ello que los bunkers, como “sucursales propias” del poder narco, son el último estrato de una extensa red criminal que pertenece a una misma organización. Detrás de un “dealer” de barrio habrá un distribuidor pero muy probablemente no haya pertenencia del “dealer” a una organización criminal; detrás de un “bunker” esta la organización criminal misma explotando “sucursales propias” y sacrificando personas indiscriminadamente.
La verificación del crecimiento de los bunkers no hace más que comprobar el despliegue territorial del narcotráfico en forma análoga a la que despliega un ejército en el campo de batalla cuando está en guerra. Cada desbaratamiento de un bunker es un golpe a las redes del poder narco, es una batalla ganada, pero no la guerra –aún- que pretende imponer el narcotráfico contra el estado de derecho.
Por eso, aunque parezca minúsculo desbaratar un bunker porque “es atrapar perejiles pero no a “los grandes narcos” estos pequeños golpes contribuyen a impedir ese crecimiento de despliegue territorial y el fortalecimiento del crimen organizado en la guerra que pretenden ganar convirtiendo al estado de derecho en un “narcoestado”.
Cuando en nuestro país el narcomenudeo pasó de la esfera de jurisdicción federal a las jurisdicciones locales (provinciales) se cometió un error táctico en relación a los bunkers. La solución puede ayudar a la lucha contra las drogas en los casos de “dealers” de barrio, pero debilita el accionar del estado de derecho frente a las organizaciones criminales ya que difícilmente la justicia federal investigue los bunkers, porque en ellos ‘a priori’ sólo hay narcomenudeo, pero tal como acabamos de explicar, los bunkers son “sucursales propias y directas” del poder narco, por lo que desconectarlas de la red es sólo “apresar perejiles” que rápidamente serán suplantados por otros “sacrificables”; es como en el mito de la Hydra de Lerna (era un monstruo, en la mitología griega, de muchas cabezas que al cortarle una salían inmediatamente dos nuevas en ese mismo lugar).
Por eso estamos convencidos de seguir golpeando territorialmente al narcotráfico desbaratando bunkers, porque creemos que contribuimos así a golpear al crimen organizado sabiendo que detrás de estos están las redes de poder narco “(…) Sólo cuando conoces cada detalle de la condición del terreno puedes maniobrar y luchar (…) Grandes resultados pueden ser conseguidos con pequeños esfuerzos (…)” (Sun Tsu, El Arte de la Guerra).

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